Miércoles 4:40PM

Recibo una llamada de Mimi. La serenidad y la fortaleza le duraron al menos dos o tres oraciones, suficientes para completar el acostumbrado saludo… y luego la noticia. Carlitos ya no está con nosotros. Mimi ya no puede contener sus emociones… Entre sollozos, comparte los pocos detalles que conoce y que yo no podía divulgar por lo temprano de la situación, de la noticia.

Aún me sorprendo por mi reacción ante una noticia como ésta. Reacción que ya considero inevitable, pero a la vez inaceptable. Luego de unos minutos llamo a Mimi para disculpar, para explicar, para justificar. Lo único que puedo hacer en un momento así es tratar de convencer a las personas que realmente importan que mi aparente frialdad emocional es sólo algún mecanismo de autodefensa emocional. Un parámetro en mi configuración “default” que aún no he encontrado la manera de desactivar.

 

Sábado 10:30AM

Me conecto a Facebook para ver los últimos detalles de nuestra despedida a Carlitos. Entro a la página del grupo de SEPR para iniciar alguna coordinación para hacer homenaje a Carlitos… Y veo el aviso de cancelación de la actividad que había para hoy: como es normal (como era normal), Carlitos daría un adiestramiento de “Sistemas de Acarreo y Ventaja Mecánica” para nuestros compañeros…

Y mi configuración “default” se vuela pa’l  carajo… Me hecho a llorar. Lloro en silencio y escribo…

Todos estos días a partir del miércoles he leído las publicaciones y comentarios en las redes sociales de personas que conocieron a Carlitos. Amigos, compañeros de trabajo, familiares, hermanos Scouts, cueveros, socorristas…. desde Puerto Rico, Costa Rica, Estados Unidos, América del Sur… Leía todas esas palabras en silencio, sin comentar, sin aportar… Porque no encontraba palabras apropiadas para decir lo que entendía debo decir, palabras apropiadas para honrar a Carlitos.

Podemos reaccionar de diversas maneras ante la muerte de un amigo, de un ser querido o de alguien a quien admiramos. Extrañaremos su presencia, sus palabras, los momentos compartidos… Sufriremos la despedida… Enfrentamos con temor el cambio en nuestras vidas, el vacío creado por la ausencia de quien se va… Y en algunos casos, tal vez los más importantes, nos enfrentamos con la realidad de nuestra propia existencia. Saber que nuestro tiempo es limitado, que el momento de la partida es desconocido. Que es incierto el espacio que tenemos para trabajar con nuestras metas, nuestros sueños, nuestro legado…

Eso es lo que más me afecta de la muerte de Carlitos… ver la huella que deja, el legado que ha creado, las vidas que ha cambiado. Y sentirme abochornado por mi paso por la vida, saber que me falta tanto por hacer para alcanzarle, para estar cercano a su legado.

Carlitos nunca decía “NO”; lo que tal vez podías escucharle decir era “Ese día no puedo.”. Siempre tenía ese deseo de enseñar, de aportar, y de hacerlo con profundidad, conocimiento, destreza, entusiasmo y buen humor. Sabía de todo, y lo que no sabía, estaba dispuesto y animado a aprenderlo. Muchas veces, más que todo lo que sabía Carlitos, me sorprendía lo fácil que explicaba todo. En mi caso, aún cuando dominaba algún tema, Carlitos me dejaba asombrado con algún método o analogía para enseñarlo de manera fácil, directa y que todo el mundo entendiera.

Siempre que tenía a Carlitos cerca me sentía seguro y confiado. Por que enseñaba sin ego, sin pretensiones, sólo con el deseo de que todos aprendieran. Y sabía que si tenía alguna duda, alguna pregunta, él me ayudaría sin titubeos, sin complejos, desinteresadamente. Tenía la certeza de que Carlitos cubriría mis deficiencias como instructor, que siempre estaría allí para ayudarme a enseñar, para enseñarme. Amaba lo que hacía y se notaba. Le interesaba lo que enseñaba, pero también a quienes le enseñaba. Siempre daba más de lo esperado, de lo necesario. Siempre estaba preparado, con todo el equipo requerido y más. Le apasionaba lo que hacía, creo que por que sabía que aportaba al desarrollo y crecimiento de sus estudiantes, y que ayudaba a salvar vidas.

Disfruté tu amistad. Disfruté el ver crecer a a tus hijos, tu mejor creación, tu mejor aportación a este mundo. Disfruté cuánto aportaste al crecimiento de mis hijos, y a los hijos de tantas otros padres en Puerto Rico.

No sé que mas decir, no porque se me acaben las ideas, si no porque nunca podré hacer justicia a quien eres y a tu legado. Y siendo bien egoísta en este momento, me lamento por haber perdido un maestro, un ejemplo a seguir, un hombro donde apoyarme, un mentor, un amigo…

¡Gracias Carlitos!

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