Imagina esta escena: 

Eres pequeño, ocho años de edad… Estás en el borde de una piscina o en un trampolín. O imagina que estás en una roca a punto de saltar a un río o una charca. Te entran dudas, miedo, terror… y piensas que no te atreves hacerlo. Piensas que podrás hacerlo si lo haces con tu amigo o amiga.  “Yo me atrevo si lo hacemos juntos. Si contamos hasta tres y saltamos a la misma vez, seguro que podré hacerlo”. Tal vez, para estar más tranquilo (o simplemente para evitar que desista en el último segundo y te deje solo en el salto), posiblemente agarres la mano de tu amigo…. A la una…. ¡A las dos!… ¡Y a las… SPLASH!

Es posible que no hayas tenido que imaginar… simplemente recordar algún momento vivido. Y como yo, reviviste los temores y la inseguridad con la que enfrentabas lo desconocido, los grandes peligros que encontraste en tu niñez. Posiblemente recuerdas a esa mejor amiga o amigo que estuvo a tu lado en esos momentos de duda e indecisión. Momentos cuando la valentía individual no era suficiente, pero la suma del valor de ambos era suficiente para unidos conquistar lo desconocido.

Y puedes revisar tu historia y encontrar personas que estuvieron a tu lado y caminaron contigo algún paso importante en tu vida:

  • un amigo que caminaba a tu lado, a tu ritmo, en aquella caminata que pensabas que no podrías terminar
  • aquella compañera de escuela superior que solicitó a la misma universidad que tú y juntas enfrentaron esa nueva vida universitaria
  • aquel socio de negocios que aportó tiempo, dinero y/o entusiasmo para que te lanzaras en una aventura empresarial

Que bien se siente, ¿verdad? Saber que tenemos el apoyo de alguien, que no enfrentamos solitariamente los retos de nuestras vidas. Muchas veces tenemos la fortuna de contar con el lujo de ese apoyo tan valioso.

Pero según vamos creciendo, y según vamos definiendo el camino que queremos para nuestras vidas, cada vez es más difícil encontrar esa mano a la cual aferrarte para dar ese salto, ese amigo que te acompañe en ese próximo paso en tu camino. Repasa tu entorno y verifica cuántos compañeros de escuela elemental (primaria), cuántos cómplices de tus aventuras de la infancia y adolescencia, cuántos amigos de tu vida universitaria rondan tu vida y apoyan tu progreso. Tal vez algunos, pero muchos menos que en aquellas tempranas etapas de tu vida.

Y al menos a mí me pasa… en momentos críticos de mi vida, aún miro inconscientemente al lado buscando a ese amigo que saltará junto a mí. Aún mi mano instintivamente busca otra mano que agarrar, una mano que me brinde apoyo, seguridad, certeza… Y no la encuentro. Porque cada paso que avanzo en mi caminar me hace descubrir una ruta cada vez más solitaria. Cada intersección donde escojo una ruta nueva para continuar mi camino me aleja de la multitud que estaba cercana a mí al comenzar la jornada de mi vida. Y entiendo que ese próximo salto lo tengo que hacer sólo, buscando mi valor, mi valentía para lanzarme.

Puede ser que en algún momento más adelante encuentre a un nuevo amigo, algún compañero o hasta un desconocido que saltará junto a mí, a la misma vez y podré sentir su apoyo por un momento…. Pero sólo por ese momento, por casualidad o causalidad…

Sí… Tengo que entenderlo y aceptarlo… Tengo que atreverme y lanzarme…. A la una…. ¡A las dos!… ¡Y a las…  !

 

Te invito a compartir abajo tus comentarios o preguntas: ¿Estás a punto de “lanzarte” y no lo haces por temor? Deja tu comentario o escríbeme por correo electrónico:

 

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