6 de noviembre de 2016

En los pasados dos días me he “hecho el loco” y he evitado hablar del tema. Busco en el silencio el verdadero significado… trato de descifrar mi reacción a la noticia reciente: Norman Veve ya no está con nosotros. 

Observo las reacciones y leo comentarios de quienes lo conocieron:

  • “Nuestra Patria pierde hoy uno de sus GIGANTES: descubridor de gran parte del sistema de cuevas de Camuy, miembro del Coro UPR…”
  • “Hombre historia; baluarte de nuestra Patria. Padre de la espeleología. Embajador de la voz y la música. Hermano, mejor amigo. Siempre faltarán palabras para describir tu legado.”
  • “Padre de La Espelelogía Puertorriqueña… Nuestro Cuevero Mayor …”
  • “…ilustre y humilde, hacedor de tantas historias, te vas pero dejas un gran legado!”

Perdonen que robe las palabras que otros escribieron, pero a mí se me cruza el cerebro, se me tuerce la garganta, se me nublan los ojos al tratar de escribir.

Nunca me consideré amigo de Norman porque nunca me pude sentir ni siquiera cercano a su altura. Lo conocí hace muchos años, posiblemente cuando él tenía la edad que tengo hoy… y ¡rayos, cuánta ventaja me llevaba! Ni siquiera hablaré de sus logros, porqué ahí sí que nadie se le podrá acercar. Estoy claro que nunca podré aspirar a hacer lo que hizo Norman. Pero siempre tengo la esperanza de llegar a ser una muestra, una fracción de lo que fue Norman. 

El narrador por excelencia… Las historias de Norman siempre estaban llenas de aventura, de arte, de belleza… siempre respaldadas con datos, fechas, nombres, memorias… y selladas con la voz y el corazón de Norman. El poder de su palabra… ¡wow! ¡lo que daría porque algún día, alguien, piense así de mí!

El gran mediador, el pegamento que nos unía aún en los grandes conflictos, en las grandes divisiones… Nunca aspiré a la aprobación de Norman, sólo a que simplemente no dijera algo negativo de mí. Porque así de valiosa, sabia, profunda, recta, era para mi y para muchos la opinión de Norman.

Perdonen lo torpe, lo sencillo, lo insuficiente de mis palabras… Pero es como pedir a un niño de escuela elemental que hable, que honre con sus palabras a su maestro…

¡Gracias Norman!

¡SÍ!

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