En estos días estoy reorganizando mi apartamento: instalando tablillas, organizando viejos libros, revisando papeles y botando aquellas cosas que ya no son de utilidad. Aparte de la labor física que realizó, creo que hay un trabajo interno procesándose simultáneamente. Organizo mi entorno con la esperanza de poder organizar mi interior. Como dice el dicho: ‘Así como es adentro es afuera. Así como es afuera es adentro.’

Hoy me decido dedicar el día a continuar la reorganización. En un rinconcito justo al lado de mi cama había una canasta con algunos libros y una carpeta. Saqué los libros pensando en qué lugar los colocaría. Abro la carpeta; en su interior una libreta y en un bolsillo la tarjeta de identificación de la NSS para el año 2006 – 2007. Sin pensarlo mucho, abro la libreta y la página que aparece ante mis ojos tiene fecha del 25 de noviembre de 2006. Era una especie de minuta de una reunión realizada ese día. Y recuerdo claramente esa reunión. Seis días antes había fallecido nuestro amigo y hermano Wilfredo López Luquis en un accidente en un río, haciendo lo que posiblemente más disfrutaba: aventuras en la naturaleza. Y esa reunión era un debriefing más que técnico, emocional… La oportunidad para intentar manejar las emociones de los allí presentes.

Ayer fue un día diferente… triste. En la mañana fui a una funeraria; la mamá de un amigo había fallecido. Estuve allí casi una hora y sin saber porqué, la tristeza que se me contagió allí me acompañó por el resto del día. No entendía… Mi amigo y yo no somos tan cercanos. Aunque conocí a su mamá, compartí muy poco con ella. Y entonces, ¿por qué aquella tristeza tan insistente?

Esa noche tuve una actividad de la Sociedad Espeleológica y en una conversación tuve que explicar el accidente de Wilfredo. Wilfredo era un joven de 34 años, padre de familia, instructor de rescate en cuevas, paramédico, instructor de emergencias médicas, buzo, instructor de buceo, montañista, motociclista, empresario, aventurero, amigo, hermano…. Tenía el conocimiento, las destrezas y la condición física que muchos envidiarían. Pero los accidentes ocurren… Tuve que aclarar ciertas dudas e información incorrecta que algunos tenían. Y me di cuenta que también la información que yo tenía no estaba completa. Entendí que tenía que buscar más información para hacer justicia a la memoria de Wilfredo.

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Wilfredo López Luquis junto a un grupo de amigos: (de izquierda a derecha) Jeff Weaver, Carlos Cruz, Susan J. Thrasher, Cristian Sánchez y Moisés Deida

Y hoy, de las primeras cosas que me suceden en la mañana es toparme con este escrito de casi nueve años. ¿Por qué?…

Muchos adiestramientos en y fuera de Puerto Rico han sido dedicados a la memoria de Wilfredo. En muchos adiestramientos, charlas y conferencias se menciona el caso del accidente de Wilfredo. Nunca se hace para juzgar al individuo, sólo para analizar las circunstancias, entender los peligros y aprender a minimizar los riesgos.

La muerte de Wilfredo nos enseñó y nos sigue enseñando muchas cosas, más allá de la teoría de prevención, seguridad y rescate. Nos enseña, o por lo menos nos mueve a reflexionar, sobre el misterio de la vida y la muerte. Nos hace sentir la fortaleza de los lazos que unen a las personas que hemos compartido la misma afición de Wilfredo. Los lazos de aquellos que fuimos presentados a Wilfredo en no importa que lugar, pero que realmente lo conocimos en alguna cueva, algún río, en alguna montaña. Esos lazos que se sienten vivos en un apretón de manos, en un abrazo cuando nos encontramos…

No puedo mencionar todos los nombres de esas personas… Pero sé que son aquellos que leerán estas palabras apresuradas y tal vez medias incoherentes, y no las entenderán con su mente; las comprenderán con su corazón.

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