NOTA
: Este artículo fue presentado originalmente como un discurso ante el Puerto Rico Toastmasters Club el 17 de junio de 2015. Para más información sobre este club, puedes dar clic aquí. ¿No sabes qué es un Toastmaster? Encuentra más información aquí. 

 

Me atrevo a apostar a que casi todos ustedes comparten o han compartido el temor que yo tuve por muchos años. Ese miedo que sentimos a las palabras que podamos escuchar al contestar el teléfono a altas horas de la madrugada… Sea un timbre escandaloso o una pegajosa melodía digital, ese sonido desgarra la noche, y con ella, nuestra tranquilidad.

En mi caso, ocurrió como a las 4 ó 5 de la mañana. Fue una llamada breve…. El teléfono suena y contesto soñoliento:  

“Buenos días….”

  Al otro lado de la línea, mi hermana contesta llorosa:  

“Mami se nos fue….”

“Ok…. Salgo para allá ahora…”; esa fue mi breve respuesta.

Tomé una ducha rápida… Me vestí, me monté en mi vehículo y arranqué hacia el Centro Médico. Pero todo ocurría de una manera tan calmada… Mientras conducía, mi mente recordaba, repasaba, analizaba…

Hacía unos 3 o 4 días, mi mamá había sufrido una caída. El sobrepeso y la edad complicaban la situación. Fue hospitalizada en una clínica de Humacao y allí estuvo unos 2 días. Se había fracturado una costilla y esto había lacerado uno de sus pulmones. Los médicos decidieron enviarla al Centro Médico.

Conducir por la Carretera 30 siguiendo a una ambulancia, desde Humacao a Rio Piedras fue una experiencia única, muy difícil de describir. En muchas ocasiones, conduciendo por esa misma ruta, regresan a mi esas sensaciones…. tan difíciles de describir, pero tan intensas al revivirlas…

En el Centro Médico, igual que en muchos otros casos, no había una cama disponible. Por los próximos día y medio o dos días, mi mamá permaneció en la sala de emergencias. Allí estuvo hasta momentos antes de aquella llamada.

De regreso a aquella madrugada. Seguía conduciendo de manera automática. Llegué al Centro Médico poco antes de las 6 de la mañana. Uno de mis hermanos menores era el único que estaba allí. Nos abrazamos, él lloró… Me indicó que todavía debía estar en la camilla en la Sala de Emergencias. Decidí entrar… ¿Y saben qué? No recuerdo si su cuerpo estaba aún allí o si ya se lo habían llevado a la morgue. Si estaba allí, estaba cubierto y no me acerqué a la camilla.

Nos indicaron que se le realizaría una autopsia. Ella había indicado que no quería velorios ni entierros. Quería que una cremación lo antes posible. Y para esto ya había pagado los servicios de una funeraria. Así que la única oportunidad que tendríamos para ver su cuerpo y despedirnos era en el trayecto entre la salida de la morgue y la carroza fúnebre que trasladaría su cuerpo. En aquel sótano oscuro se dio la despedida; mis hermanos tocándola, yo a 5 pies de distancia

María Elena Torres, mi madre, sólo llegó a primer grado. No sabía leer ni escribir. No medía mucho sus palabras y la discreción no era una de sus virtudes. Desde muy pequeño sentía que era mi responsabilidad velar por las palabras que ella dijera o las decisiones que tomara. No creo tener algo en mi personalidad que se parezca a ella, o al menos que quiera admitir. Era obesa y no me gustaba que fuera a la escuela para no tener que soportar las burlas de los compañeros.

A excepción de aquel día cuando calladamente me compró una guitarra para mi clase de música. No pudo aguantar la emoción y fue a la escuela a mostrármela. No había en todo el mundo un lugar más amplio, más seguro, más cómodo que el regazo de mi mamá. Y sin saber leer ni escribir, pudo proveer y lograr llevarme hasta dónde he llegado.

A veces inconscientemente, como un reflejo, pienso en llamarla. En ocasiones surgen dudas y preguntas sobre mi pasado, mi niñez… y me doy cuenta de que la fuente de información ya no está ahí.

Hoy mi discurso tiene un sólo propósito: conmemorar aquella llamada que ocurrió hace exactamente 9 años y un día.

O tal vez no; tal vez tenga otras intenciones, otros propósitos invisibles para mi mente lógica y analítica….

Tal vez, tenga la intención de ayudarme, aún a 9 años y un día después, a seguir procesando, seguir sanando.

A continuación , el video del discurso original.

¡SÍ!

¡Quiero enterarme de las noticias y más reciente información!

Únete a nuestra lista de envíos para recibir las últimas noticias e información de nuestro equipo.

¡Gracias por tu apoyo!

Pin It on Pinterest

Share This

¡Compártelo!

Agradecemos y apreciamos tu apoyo.