Algunos de los momentos más difíciles en mi vida han sido aquellos cuando he tenido que dar media vuelta, voltear la espalda y seguir mi camino. Sin importar que haya pensado que estaba en lo correcto. Sin importar cuánto haya amado. Sin importar los esfuerzos ni las voluntades ni los sentimientos. Sin importar el tiempo “invertido”. Ciento ochenta grados e intentar dejar todo atrás. Ciento ochenta grados y contener las ganas de mirar atrás.

Un instante y toda mi historia cambia: Antes y después de ese punto. Antes: era casi mi vida. Después: tal vez un recuerdo en la mente de los que quedan atrás.

Y puede que alguna vez haya sido verdaderamente un instante; otras veces han sido minutos, horas, días… Pero en retrospectiva, siempre fue un segundo, el centellazo cuando la razón, el corazón y otros vectores que suman la resultante de mi ser, votaron unánimemente a que actuara y le hiciera caso a Silvio: “soltar todo y largarse….”

“Destino: las estrellas resplandecientes”. Puede que sea así. Pero en los minutos, horas, días, semanas “después de”,  el enojo, el dolor, el miedo… apenas me permiten ver dónde colocaré el pie para el próximo paso. Como ha pasado anteriormente, me recuperaré cuando la distancia y el tiempo aumente entre ese instante y yo.

“Soltar todo y largarse. ¡Qué fascinante! Volver al santo oficio de la veleta,
desnudando la vida como un bergante y soñando que un día serás poeta.”

“Soltar todo y largarse, ¡qué maravilla!” Sí, Silvio… ¡Coño, pero que difícil es, sea un día o 26 años después!

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