domingo 10 de mayo de 2008 – Día de las Madres

Vivía un momento “peculiar” en mi vida. Mi mamá había muerto poco menos de dos años. Además, apenas iniciaba la recuperación tras salir, algo maltrecho pero vivo, de una relación que preferiría olvidar. Regresaba solo a mi apartamento luego de haber compartido con mi familia el almuerzo del Día de las Madres. Mientras conducía escuchaba el entonces-nuevo disco “Tarde o temprano” de Tommy Torres. Aunque lo había oído ya varias veces, en la soledad de mi vehículo por primera vez presté atención a una canción: Fin de capítulo

 

Y aunque tu cuento de princesa 

merece un final mejor 

mañana vas a darte cuenta que en este capítulo 

uuuh….él es el que perdió 

Esas palabras me recordaron a una compañera de trabajo a quien unos días antes le había regalado una copia del CD. Entendí que Tommy le enviaba un mensaje para ella ante la situación que vivía.

Seca ya tu carita 

y arréglate el camisón 

Él no merece tus lagrimas.

Yo te aseguro mañana estarás mejor, 

un poquito mejor 

Marqué su número telefónico. Luego de los saludos y las correspondientes felicitaciones, le pedí que cuando tuviera la oportunidad escuchara la canción #11 del disco y me llamara luego. A los pocos minutos se comunicó, emocionada por el mensaje que el Universo le enviaba usando a Tommy como cómplice.

domingo 9 de mayo de 2010 – Día de las Madres

Nunca imaginaba que estaría en esta situación a estas alturas de mi vida. Y por “alturas” quiero decir los años y experiencias vividas que me habían llevado a vivir una vida pragmática, adulta y seria, sin cursilerías. Pero allí estaba, observándola mientras desgarraba papel de regalo y cartón, para sólo descubrir que su regalo no estaría tan accesible. Faltaba romper cajas más pequeñas y arrancar más papel. Finalmente encontraría un estuche pequeño. Y dentro, una sortija, un símbolo. Ante su familia y sus niños, tranquilamente daba el gran paso que por tantos años ni siquiera en mi imaginación quería considerar.

domingo 11 de mayo de 2014 – Día de las Madres

Hoy ya son 6 años y 1 día de haber abierto mis oídos para escuchar a “Tommyto” (así le llama ella de cariño). El “Fin de Capítulo” resultó ser el inicio del resto del libro de nuestras vidas.

Ya han pasado 4 años y 2 días de haber entregado un anillo. Y 3 años con 17 días desde aquel “evento”, Domingo de Resurrección, sin bizcocho de bodas, pero con una hermosa energía que nos recarga con solo recordar. 

En días como éste, afloran mis peculiaridades y defectos. Posiblemente, no la pegue con el regalo adecuado (lo cual es muy probable). No soy bueno para dar o recibir regalos, y eso me ha causado (y me causará) problemas.  Tal  vez no me esfuerzo suficiente para escoger sabiamente un obsequio perfecto como los esperados en días como éste. 

Pero independientemente si en el Día de las Madres acumulo o pierdo puntos, esta celebración se ha transformado para mí. Porque aunque regale bien o mal, este día siempre será un recordatorio de los maravillosos regalos que he recibido: una mujer maravillosa que ahora es mi esposa y unos jóvenes extraordinarios que ahora son mi familia  Siempre recordaré como una canción transformó mi vida y la ha llenado de amor, felicidad y plenitud. Siempre recordaré que un anillo, más que el símbolo de una promesa, es el recordatorio de un compromiso de dar cada día lo mejor de mí. De que no se trata de prometer un futuro lleno de ilusiones. Se trata de esforzarme hoy, ahora. De poner intención e intensidad en cada “te amo”, en cada mirada, en cada caricia, en cada masajito. En escuchar, en hablar y en callar. No hay libros de instrucciones ni formulas. Sólo abrir nuestros sentidos, la mente y el corazón para aprender, aprender a amar.

 

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