¡Días difíciles nos tocan vivir! Tres agencias calificadoras de riesgo devalúan el crédito del gobierno de Puerto Rico en menos de una semana. Tanto empleados de gobierno como del sector privado no pueden evitar su preocupación. Criminalidad, aumento en impuestos, desempleo, reformas de sistemas de retiro que deforman el futuro de maestros y otros empleados públicos.

No sé qué desespera más. Ver los resultados, ya concretos y reales, del juego de sillas musicales de políticos y funcionarios incompetentes que no han podido ni querido ver más allá de un máximo de 4 años hacia adelante. O ver que los mismos personajes, o al menos de la misma naturaleza, son los que alegan tener un plan A, plan B y hasta plan Z, para sacarnos del atolladero y llevarnos a un futuro lleno esperanza.

Y no puedo evitar pensar en los que se han ido, los que ya pronto se irán y en los que se han quedado… Me es imposible entender si los que se quedan o los que se van, lo hacen como un acto de valentía o de la más baja cobardía. Realmente, no sé. Ni la mente ni el corazón me dan para entender.

Como tantas otras ocasiones, hoy recurro a la terapia musical de mi iPod. Más que buscar relajarme con las canciones, busco aprender a soltar un poco. Temprano en la mañana pongo el iPod en shuffle mode y decido escuchar y aceptar lo que el Universo me zumbe por los audífonos. Trato de evitar el deseo de tener el control; lo que salga, lo escucho y lo acepto (o al menos eso intento). Tal vez pensarás que no es nada especial ni difícil. Pero cuando ves el contenido de mi iPod y encuentras desde cantos gregorianos y mantras tibetanos hasta Daddy Yankee, Calle 13 y chistes del fenecido Álvarez Guedes…

De repente aparece esta canción. La había oído varias veces, pero hoy por primera vez la escuchaba:

 …donde se creó la primera luz,

germinó la semilla del cielo azul,

volveré a ese lugar donde nací….

El Sitio de mi Recreo (Antonio Vega) – interpretada por Rosario

No comprendo completamente su letra. ¡Tan triste y a la vez inspiradora! ¿Quién la escribió y qué tenía en su cabeza en ese momento? Esta canción se apodera de mi mente por el resto del día (y los siguientes).

Esa tarde, después de trabajar, me voy en bicicleta por una de las habituales rutas: Condado, Puerta de Tierra, Viejo San Juan… El mar y el sol están hoy espectaculares. Una brisa fuerte que frena el paso y a la vez acelera el alma. El cielo azul… el horizonte quiere irse más lejos hoy. Mientras algunos amigos en sitios lejanos se preparan para la enésima tormenta de nieve de la temporada, acá mis gotas de sudor tienen una muy breve vida, entre el sol caliente y la fresca brisa.

El Morro se ve hoy más imponente que nunca. ¿Será acaso que todo se ve agrandado ante mi espíritu, encogido por tanta preocupación? Los viejos edificios, las palmeras, la bandera monoestrellada en el viejo cementerio, hasta los monótonos adoquines me hablan. Me cuentan de lo afortunado que soy. Me explican por qué nunca me marché. Aunque muchos argumentos lógicos justificaron en mi cabeza las decisiones tomadas, en mi corazón, calladamente, bien underground, un movimiento subversivo siempre ha conspirado  para manipular y controlar el destino “elegido por la razón”.

¡SÍ!

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