Ya está aquí el fin del año 2013 y el principio de un nuevo año lleno de esperanza, metas, proyectos y resoluciones. Y para recordármelo, encuentro en Facebook cada día un nuevo mensaje de mi amiga Virginia Gómez, en su conteo regresivo para despedir este año (que definitivamente, no caerá en la lista de los mejores de Puerto Rico). Entre sus mensajes leo sobre rituales, limpiezas y prácticas para “despedirnos de todo lo que ya no tiene más lugar en nuestra vida” y “para iniciar la vida que deseamos” en este nuevo año 2014.

Recuerdo las siempre interesantes conversaciones con Virginia y nuestras impresiones sobre la víspera de Año Nuevo y otras ocasiones especiales. Amistosamente diferíamos; me imagino que porque es normal que mi opinión sea diferente a la de la mayoría.

Pienso que le damos demasiada importancia a la noche del 31 de diciembre. (Antes de que lo tomes a mal, permíteme aclarar….) Le adjudicamos mucha magia al comienzo de un nuevo año, y no le vemos la magia a cada día de nuestras vidas. Queremos impregnar de tanta ilusión el día de Año Nuevo, que no dejamos ninguna para cada Nuevo día del Año.

Usamos los últimos días de cada año para soñar, planificar, redactar resoluciones y establecer metas. Casi siempre son tantas, y tan abstractas y complejas que, de la arrancada, muchas de éstas no llegarán a convertirse en resultados y logros. Usamos unos pocos días antes del 31 de diciembre para revisar nuestras vidas y en algunos casos, no volvemos a hacerlo hasta exactamente un año después.

Recuerdo en una ocasión que un grupo de amigos nos reunimos y escribimos cada uno nuestros sueños y resoluciones en papelitos que luego colocamos dentro de una botella. La sellamos con cera y la colocamos en una tablilla de mi apartamento. Después de cerca de 10 años, la botella sigue en el mismo lugar, hermética. Sigue allí esperando a los que se supone que un año después hubieran regresado a dedicarle atención. Por respeto a los demás, nunca he pensado en abrirla. Pero, más que por el respeto, pienso que es por el temor de descubrir mis propias promesas incumplidas, mis sueños encerrados y desatendidos por años.

Es tiempo de que rearreglemos nuestros calendarios y redistribuyamos nuestros valores. Que la gratitud no se concentre solamente en el Día de Acción de Gracias. Que demostremos el amor y la amistad todos los días, además del Día de San Valentín. Que seamos generosos y nobles todos los días que no sean Navidad. Que cada día podamos imaginar cómo queremos que sean nuestras vidas y comprometernos a dar pasos, sin importar cuan pequeños, para hacerla realidad. Que podamos cada día soñar una vida y vivir un sueño…

¡SÍ!

¡Quiero enterarme de las noticias y más reciente información!

Únete a nuestra lista de envíos para recibir las últimas noticias e información de nuestro equipo.

¡Gracias por tu apoyo!

Pin It on Pinterest

Share This

¡Compártelo!

Agradecemos y apreciamos tu apoyo.