(publicado originalmente el 13 de junio de 2012 en cristobalcolonpr.wordpress.com)

Una de las cosas que he aprendido en mi camino es la importancia  y la necesidad del contacto físico. Pero permíteme aclarar inmediatamente. Me refiero al contacto físico bien intencionado: un apretón de manos, un abrazo, una palmada en el hombro.

Muchas disciplinas hablan sobre la conexión entre nuestro cuerpo físico, nuestros pensamientos y emociones, y nuestra alma. Lo que ocurre en nuestro cuerpo afecta como nos sentimos anímicamente. Y así en dirección opuesta, los pensamientos en nuestra cabeza y los sentimientos en nuestro corazón afectan nuestro cuerpo. Podemos preguntar a muchos especialistas: masajistas, practicantes de yoga, maestros de artes marciales, terapistas físicos y otros profesionales de la salud. Cada uno lo podrá explicar con diferentes palabras y conceptos, desde diferentes perspectivas. Pero en esencia todos  coinciden en el fundamento de que estamos “alambrados” internamente para que nuestra alma, corazón, mente y cuerpo se interconecten y se comuniquen.

Cuando nos enamoramos sentimos “la fragancia que nos entra por el centro del pecho” (si te sonríes al leer esto ¡estás delatando tu edad!). Cuando estamos nerviosos se nos descompone el estómago. ¿Has visto a alguien que con solamente ver su postura y su caminar sabes que algo no está bien? Me viene a la mente una frase que hace muchos años escuché de mi maestra Shanti: “Como es adentro es afuera”.

Es importante que repasemos y examinemos la manera en que establecemos el contacto físico. ¿Has escuchado a alguien quejarse: “¡Que no venga mi pareja a tocarme y darme masajes que lo hace fatal!”? Y por otro lado, ¿recuerdas los sobitos de tu mamá, de tu abuela u otro ser querido? ¿Prefieres abrazar a algunas personas y a otras apenas le das la mano? Un buen abrazo recarga baterías y  nos hace el día.

Un factor determinante en cada contacto es nuestra intención. Muchas veces tenemos la capacidad de percibir la intención de alguien cuando tiene contacto físico con nosotros, sea negativa o positiva. En cada apretón de manos, en cada abrazo transmitimos información, emociones, energía, cómo le quieras llamar. Por eso debemos estar conscientes de nuestras intenciones al tocar a otra persona. En mi caso, trato de que cada contacto sea una oportunidad para transmitir cosas positivas. Trato de enfocar toda mi atención en la mano que se acerca a saludar a la otra persona. Aunque el momento sea breve, trato de concentrar bienestar y energía positiva en ese instante, en esa parte que toca al otro. Cuando abrazo busco sentir mi respiración antes, durante y después del contacto. No me gusta dar palmadas en la espalda, ni moverme; sólo estar quieto y sentir profundamente el abrazo. Cuando el contacto es con un ser querido o un amigo, pongo en mi pensamiento la intención de que pueda él o ella percibir mis sentimientos.

En los deportes, especialmente en el baloncesto, una falta se declara cuando hay contacto físico indebido entre los jugadores. Y si el árbitro piensa que fue adrede, se canta una falta intencional. En el baloncesto, la intención hace mucha diferencia. Así también, que nuestra intención positiva haga diferencia en la calidad de nuestras interacciones con cada ser humano que compartimos cotidianamente.

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